Sprints VS Jogging: ¿Qué entrenamiento es mejor?

Cuando sales a correr, tienes que tener un objetivo claro, y tu objetivo puede ser la velocidad o la constancia. Y es que hay dos tipos de corredores: los que corren a una velocidad mayor durante menos kilómetros, y los que, aunque llevan un trote más lento, tienen una constancia mayor para resistir durante una mayor cantidad de kilómetros.

Sin duda, ambas disciplinas tienen sus pros y contras, pero al final todo se reduce al objetivo final de cada uno. Si lo que buscas es desarrollar la resistencia, tendrás que enfocarte en las carreras largas. Pero si quieres quemar grasa, el sprint es un excelente aliado.

¿Cuáles son las ventajas del sprints?

Incorporar los sprints a la rutina de entrenamiento de un corredor tiene muchos beneficios. Y es que estos ayudan a dar forma a los músculos con mayor rapidez que el footing, ya que los hace trabajar más y por tanto los resultados se perciben antes. Además, al ser un ejercicio de alta intensidad, es ideal para perder peso porque se queman muchas más calorías.

El sprint es un ejercicio anaeróbico, esto es como el HIIT (entrenamiento a intervalos de alta intensidad), el levantamiento de pesas o los sprints. En este tipo de entrenamiento la glucosa se descompone sin el uso del oxígeno, así que solo la utiliza como fuente de combustible. 

Además, te ayuda a moldear los músculos como los cuádriceps y los isquiotibiales, así como aumenta la liberación de endorfinas, consiguiendo una mayor sensación de bienestar y menos estrés. El trote lento también libera endorfinas pero su liberación es mucho más lenta en comparación. 

Los contras de los sprints

Aunque tienen muchos beneficios, también tienen sus puntos débiles. Empezando porque es más fácil llegar a la fatiga muscular, esto es que es mucho más probable que el corredor se queme, por lo que el tiempo de carrera debe ser corto. Además, correr demasiado en estos niveles puede provocar una lesión debido al agotamiento de los músculos.

Si hablamos de temas más científicos, los entrenamientos de alta intensidad como este provocan un descenso de la capacidad de las células para consumir oxígeno y combatir los radicales libres durante los sprints. Esto puede tener como resultado problemas de inflamación y otras enfermedades degenerativas.

Las ventajas del footing

El footing o jogging es básicamente correr a un ritmo más lento, y los que lo practican obtienen los beneficios y forma física que esto supone. Lo que incluye la quema de calorías, el mantenimiento del peso ideal o la ayuda a la pérdida de peso. Además, es un impulso al metabolismo, así como un aumento del autoestima y la forma física. 

Sin embargo, los beneficios son menores y tardan más tiempo en obtener resultados si lo comparamos con correr más rápido. Aun así, es una buena forma de mantenerse activo y liberar el estrés. Asimismo, los corredores desarrollan una mayor resistencia y aguantan mayor tiempo corriendo sin agotarse, consiguiendo así correr largas distancias.

Por tanto, el trote largo y constante aumenta la resistencia y capacidad pulmonar, ya que necesitas más oxígeno. Este oxígeno extra le viene muy bien a la piel, lo que se traduce en beneficios antienvejecimiento. También potencia la función respiratoria y ayuda a prevenir infecciones como la gripe o el resfriado, porque produce glóbulos blancos que ayudan a la inmunidad.

Las desventajas del footing

Si tu objetivo es terminar una medio maratón o una maratón completa, y por tanto necesitas mejorar tus tiempos, esto no es para ti. Y es que tendrías que añadir algo de trabajo de sprints, colinas y entrenamiento cruzado con el fin de aumentar velocidad y reducir tiempo.

Este tipo de entrenamiento tiene beneficios para todo el cuerpo, pero esto también significa que es un entrenamiento de alto impacto. Esto es que puede ser mucho para los músculos, articulaciones y ligamentos. Puede ser incluso estresante si el runner no se recupera entre los entrenamientos. 

¿Cuál de los dos entrenamientos es mejor?

La verdad no hay uno mejor que otro, y es que será mejor según la persona y sus objetivos, ya que en esto es lo que radica su importancia. Puedes empezar por hacer unos sprints, sal a correr y haz varios sprints en diferentes puntos. Realiza este entrenamiento un par de veces a la semana.

Además, puedes hacer una carrera lenta y constante, en la que tu objetivo no sea conseguir mejor tiempo o mayor velocidad, sino simplemente tener una constancia en el trote. Poco a poco podrás ir aumentando el ritmo, siempre sin acabar con fatiga muscular. Una combinación de ambos entrenamiento te ayudará a moldearte como un corredor completo.