La flexibilidad metabólica y cómo influye en la escalada

Cuando se dice que la escalada es uno de los deportes más complicados y complejos es verdad. Un escalador tiene que tener una gran fortaleza mental y una buena técnica, pero sobre todo, debe estar muy preparado físicamente. Esto no se refiere solo a los brazos y las piernas, como se podría pensar, sino que engloba mucho más. Uno de los conceptos no tan conocidos, pero que pueden ayudar de sobre manera para mejorar es el de flexibilidad metódica. ¿Qué es? ¿Tiene realmente influencia a la hora de practicar escalada?

La flexibilidad metabólica, ¿en qué consiste?

El término de flexibilidad metabólica no refiere a nada del cuerpo. O por lo menos, no a lo que comúnmente se suele entender como flexibilidad. Más bien, consistiría en una mezcla o combinación que puede hacer el cuerpo dependiendo la energía que se necesite en cada momento. Esto puede varias en función del esfuerzo o la necesidad que tenga el propio organismo de requerir energía.

La idea clave con esto es la de eficacia. El cuerpo busca economizar de la mejor manera posible los recursos con los que cuenta. Esto le permite poder acumular energía para los momentos importantes, pero también guardar cuando no se esté utilizando. El cuerpo, sabio por sí mismo, muestra en la flexibilidad metabólica otra forma que tiene de autogestionarse y de dar todos los recursos necesarios al deportista.
Traspasado al mundo real, alejado del papel teórico, las consecuencias de esto son claras. Un deportista que tiene una gran flexibilidad metabólica, podrá utilizar la grasa corporal para aumentar su rendimiento físico. Mientras que, uno que no tenga muy desarrollado este tipo de flexibilidad le costará también más.

Además, hay otras consecuencias que a buen recaudo gustarán a muchos deportistas que no conocían este concepto. La flexibilidad metabólica, siempre y cuando esté bien desarrollada en el cuerpo del deportista, puede ayudar a reducir la fatiga. Esto no es uno de los grandes objetivos a la hora de practicar cualquier deporte, y aquí está una de las maneras para conseguirlo.

¿Qué tiene que ver la flexibilidad metabólica con la escalada?

El concepto de flexibilidad metabólica está especialmente relacionado con la escalada, pero lo cierto es que no es excluyente. Esto ayudará al deportista que quiera rendir en toda clase de deportes. No obstante, hay que tener en cuenta también otros factores metabólicos, como pueden ser las enfermedades, la edad o el sexo. Por tanto, la flexibilidad metabólica es importante pero no es lo único que puede hacer un deportista para rendir mejor, pues son muchas cosas más. Incluso la mala suerte (en el apartado metabólico o genérico) también debe ser nombrada como un elemento contra el que combatir y con el que mejorar.

Para poder comprender la aplicación hay que entender que la gran mayoría de la energía que acumula cada persona es grasa. Esto puede ser bueno o malo, pero sin ninguna duda sin flexibilidad metabólica es malo. ¿Por qué? Porque esta flexibilidad es la encargada de que esa grasa se puede aprovechar. Sin ella, esa grasa que se acumula no solo no servirá de nada, sino que perjudicará al organismo del deportista en cuestión.

¿Para qué le sirve a un escalador una buena flexibilidad metabólica? Es sencillo de entender, y es que un escalador que no tenga buena flexibilidad de este tipo se agotará en seguida, pues su cuerpo no está preparado para ello. Por otro lado, un escalador que sí tenga bien desarrollado esto, podrá guardar energía, resistir y utilizarla para los momentos más complicados. Esto significa, por ejemplo, que en una misma ruta o recorrido, uno irá a más baja intensidad y se cansará antes que el otro. El escalador con una buena flexibilidad utilizará la grasa sobrante para seguir rindiendo al máximo, sin abusar de la glucosa. El que no tenga buena flexibilidad, se verá obligado a utilizar la glucosa, cansándose más fácil y permitiendo que la fatiga aparezca con mayor rapidez, impidiéndole el ejercicio correctamente.

¿Cómo ganar flexibilidad metabólica?

Una vez visto todo esto, y quedando claro y demostrado la importancia que tiene la flexibilidad metabólica, es necesario saber cómo conseguirla. Como en muchas otras facetas del cuerpo, habrá métodos más agresivos que otros. Como casi siempre, la recomendación es la misma, tener la paciencia necesaria para no perjudicar el cuerpo con prisas innecesarias.

Un método muy eficaz es el del ayuno, utilizando una franja horaria concreta para privar al cuerpo de cualquier tipo de caloría. Se activan así las vías de oxidación de la grasa, dependiendo el periodo de tiempo que se lleve a cabo. Hacerlo unas horas pude ser beneficioso, como se está comentando, pero extenderlo sería bastante perjudicial. Podría ir asociado a otro tipo de carencias alimentarias y suponer un problema grave.

Parece casi una obviedad, pero es necesario mencionarlo. Hacer deporte ayuda a elevar la capacidad de flexibilidad metabólica. Tendrá que ser algo constante, un proceso donde no sirven las irregularidades. Un ejemplo es una actividad física de baja intensidad antes de desayunar cada mañana. Si a todo esto se le suma ejercicio orientado a ganar masa muscular, el éxito está prácticamente asegurado.

La alimentación, como siempre también, tiene un peso muy importante. En esta ocasión lo recomendado será incorporar dietas que sean bajas en carbohidratos. Lo que se consigue con esto es regular los niveles de glucosa y de insulina en ayudas. El resultado de esto es claro, se mejora la flexibilidad metabólica, propinando todas las demás ventajas.

Sobre todo, es necesario recordar, o en muchas ocasiones no olvidar, que es un proceso lento. Si no se conoce nada acerca de la flexibilidad metabólica, habrá que ir informándose poco a poco, aprendiendo y descubriendo como mejorar. Desde luego, bajo ningún concepto será recomendable utilizar métodos que puedan afectar de cualquier manera al organismo. Al igual que sucede con la escalada, donde se empieza con una dificultad muy básica y se va avanzando, el proceso será lento. No obstante, a la larga se podrán apreciar los objetivos y a buen recaudo estar satisfecho del resultado.