El agarre en la escalada: cómo fortalecer los dedos

La fuerza de agarre es una de las mayores preocupaciones para los escaladores. Tener una gran capacidad en los dedos se antoja fundamental para los expertos, pero también para aquellos deportistas que quieren iniciarse en esta disciplina. ¿Se puede entrenar o es una capacidad innata? ¿Tiene alguna solución tener poca fuerza?

Un progreso continuo

Lo primero de todo, será analizar cómo funciona este apartado en cada deportista. Dicho con otras palabras, con cuánta fuerza de agarre se comienza. Es muy importante también poder marcarse unos objetivos finales. Esto delimitará un comienzo y un final, y ayudará a ir sentando las bases de lo que se quiere lograr y poder trazar una hoja de ruta.

También, hay que reconocer que este trabajo no es trabajo de un solo día. Al igual que ocurre con muchas otras partes del cuerpo, como con la hipertrofia, la mejora es lenta y continua. No se puede pretender que con dos meses de entrenamiento ya se pueda tener la fuerza necesaria para escalar una gran montaña. La experiencia y la paciencia serán dos factores claves para ser un buen escalador.

Se suele relacionar la fuerza de agarre a los dedos, y es completamente cierto, pero no es lo único. Pese a que los dedos tienen una labor fundamental, entran en juego otros músculos, como los de la muñeca o los codos. La fuerza de agarre consistirá en un compendio común de todos, la suma de estos elementos para adquirir la mayor fuerza posible.

Ejercicio infalible

Uno de los más utilizados consiste en lo que se conoce como suspensiones en tablas multipresas. Estos ejercicios consiguen tensar la musculatura y ‘obligar’ a los músculos de agarre a soportar el peso del cuerpo. Hay que tener cuidado, no obstante, de no sobrecargar la musculatura y permitir daños mayores. La carga debe ser progresiva, con pocas repeticiones al principio y mejoras a medida que se vaya progresando.

Frente a otros deportes o mejoras donde se requiere una gran intensidad en el entrenamiento, aquí no. La intensidad debe ser más bien baja, ya que lo importante es el número de repeticiones que se puedan realizar. El progreso, sumado a estas repeticiones, es lo ideal para un buen entrenamiento. No es recomendable quedarse estancado, sino semana a semana ir incrementando la carga, hasta llegar al estado óptimo según las capacidades de cada uno.

En algunas ocasiones sí que podría ser interesante para el deportista aumentar esta intensidad. Esto consistiría en un tiempo menor de ejercicios pero en añadir una fuerza máxima. Sin embargo, no termina de ser una práctica adecuada ni recomendable. Al trabajar con unos músculos que son bastante sensibles, el riesgo de lesión está siempre presente. Cuanta más intensidad se emplee, más posibilidades habrá de sufrir una.

Como es evidente, y como se cita en muchas ocasiones, la experiencia es un grado. Un deportista que sea novato necesitará trabajar con suspensiones más largas, dejando un descanso superior entre ambas. Por otra parte, si se tiene experiencia los ejercicios subirán un grado más de intensidad. Las personas mucho más acostumbradas, o con una gran experiencia, realizarán suspensiones de cinco segundos, aumentando al máximo la intensidad.

Por último, un factor diferencial serán los descansos. En este tipo de entrenamientos hay que evitar la fatiga, ya que no es lo que se busca. Si entre repetición y repetición no se guarda el tiempo pertinente, los resultados podrían ser los contrarios al entrenamiento. Lo ideal es entre tres y cuatro minutos entre los principiantes, pero es algo que va variando.

Beneficios desconocidos del entrenamiento de la fuerza de agarre

Quienes realizan este tipo de deporte tienen muy claro el objetivo principal. Mejorar la fuerza de agarre está íntimamente relacionado con la escalada. A mayor fuerza de agarre, mejores condiciones tendrá un deportista para practicar esto. Eso es algo evidente, pero no es el único beneficio que proporciona este tipo de entrenamiento.

Para aquellos que nunca han escalado, pero que tienen el deseo de hacerlo, este entrenamiento también es útil. Les permitirá ponerse en contacto con la disciplina. También, podrán empezar a imaginar las condiciones que necesitarán para desenvolverse, practicando y siendo consciente de aquello que desconocía. También para aquellos que no se atrevan a escalar sin antes tener unas nociones o una buena base. 

Otra razón para este entrenamiento es la prevención de lesiones. Esto es la preocupación de muchos deportistas, que buscan entrenar y evitar molestias futuras. Cuanto más se acostumbren los músculos a la actividad a realizar, menos posibilidades habrá de lesionarse y tener que parar durante un buen tiempo.

Si no se da bien… ¿mejor elegir otro deporte?

Como en casi todos los deportes, hay una serie de condiciones previas que harán la labor más sencilla para el escalador. Una de ellas es contar con unos dedos fuertes. Esto ayuda con la fuerza, como es evidente, pero también para poder agarrarse mejor o realizar un ejercicio durante un periodo de tiempo mayor.

Sin embargo, nada de esto es un impedimento. Todas las cualidades son susceptibles de ser entrenadas, por lo que con mucha paciencia se podrán ir mejorando las condiciones. Al principio los entrenamientos serán muy productivos. Es una regla lógica, cuanto más margen de mejora existe, mayores progresiones habrá. A medida que se vaya avanzando, un entrenamiento incluso mayor puede tener muchas menos mejoras. Esto, en lugar de ser negativo, evidencia el crecimiento y el resultado del entrenamiento.

Hay que tener muy claro una cosa y es que ninguna persona es igual. Que un entrenamiento favorezca a una persona, no está relacionado con que favorezca a otra. Cada deportista tiene que conocer su propio cuerpo para amoldar el entrenamiento a sus necesidades y que así le resulte efectivo.

El entrenamiento para fortalecimiento de dedos tiene mucha parte física, obvio, pero no todo es así. Un aspecto muy importante será el mental. Con ejercicios extremos, donde rendirse puede parecer la mejor opción, tener fortaleza mental es indispensable. Por tanto, el mejor entrenamiento de fuerza siempre será el psicológico. A partir de ahí, todo resultará mucho más sencillo, aunque existan complicaciones.