Derribando mitos: ¿La cerveza es buena post entrenamiento?

Beber una cerveza tras salir a correr, o después de hacer ejercicio físico en general, se ha convertido en una práctica muy común entre los deportistas. Incluso se ha generado un gran debate entre bandos. Están los que afirman que el alcohol supone efectos positivos para la práctica y, otros que consideran que el consumo de alcohol es perjudicial para nuestro rendimiento físico.

Sin ir más lejos, la mayor cantidad de consumo de alcohol se encuentra en el fútbol, rugby, cricket y golf. Aproximadamente un 80% de los atletas de estas disciplinas lo consumen. Sin embargo, dentro del mundo del tenis y el ciclismo, la tasa baja al 30%.

Los efectos negativos del alcohol

Durante mucho tiempo, se consideraba que el alcohol hacía que los deportistas tuvieran un mejor rendimiento en las competiciones.  De hecho, incluso sustituyeron el agua por alcohol para usarlo como combustible en mitad de la carrera. Pero la realidad es que no es un factor beneficioso para el rendimiento físico. 

Muchos estudios han demostrado que no mejora las habilidades motoras vitales para desarrollar los entrenamientos, tales como el poder, la fuerza, la velocidad y la resistencia. Además, después de consumir pequeñas cantidades de alcohol, el tiempo de reacción y la capacidad de concentración de una persona se reducen y la visión se puede ver afectada.

En lo estrictamente técnico, aproximadamente 0,18 gramos de alcohol por kilogramo de peso corporal reducen la destreza después de 25 minutos. Esto es un bote de cerveza para un hombre de 80 kilos. Entre las consecuencias más graves se encuentran la reducción de la capacidad

psicomotora, es decir, la conexión entre el cerebro y el músculo. Además,  causa problemas en la absorción de oxígeno y daña la regulación de la temperatura durante el ejercicio prolongado. Asimismo, en muchos casos, tiene un efecto altamente tóxico en el hígado.

Siguiendo esta línea, el exceso de alcohol también puede alterar el correcto metabolismo de la glucosa corporal. Así, afectaría al trabajo de la insulina en el organismo. De hecho, el alcohol también ha demostrado tener efectos negativos sobre la testosterona, lo que afectará al correcto crecimiento de los músculos y aumentaría la cantidad de hormonas ligadas al estrés, como el cortisol.

¿En qué es beneficioso tomar alcohol?

Si bien el alcohol en la cerveza no ayuda a la recuperación tras el entrenamiento, sí es cierto que proporciona ciertos beneficios que vale la pena mencionar. La cerveza tiene una fuerte oferta de antioxidantes. Contiene enzimas antioxidantes, tales como catalasa, superóxido dismutasa y glutatión peroxidasa, y muchos compuestos no enzimáticos con efectos antioxidantes, principalmente compuestos fenólicos.

Por su parte, los lúpulos, según la variedad, el método de cultivo y las condiciones de secado y almacenamiento, pueden contener de 2 a 8 por ciento de polifenoles, un grupo de antioxidantes. Otros ingredientes también son beneficiosos. 

Por ejemplo, una lata de cerveza sin pasteurizar, y muchas no lo están, contiene vitaminas B1, B2, B3, B6, ácido fólico, B12, calcio, hierro, magnesio, fósforo, potasio, sodio, y zinc. Aunque no necesariamente en grandes cantidades. La cerveza pasteurizada tiene un menor contenido de vitaminas y minerales.

Por lo que, los atletas pueden permitirse tomarse una cerveza sin alcohol de vez en cuando después de un entrenamiento. Esta complementará líquidos, electrolitos y vitaminas y combatirá los radicales libres, que abundan después de la actividad física. 

¿Cómo absorbe el alcohol nuestro organismo?

El alcohol se absorbe inmediatamente por el tracto digestivo y entra rápidamente en todos los tejidos del cuerpo. Por lo tanto, su concentración en la sangre y los tejidos aumenta inicialmente porque no hay lugar en el cuerpo donde pueda almacenarse, y la única forma de reducir su concentración es la oxidación. 

Después de una lata de cerveza, la concentración de alcohol en sangre alcanza valores máximos en unos 40 minutos. Este tiempo varía según la predisposición genética de una persona, la intensidad de la actividad física y la presencia de otros alimentos en el tracto digestivo.

Una pequeña cantidad (menos del 10 por ciento) se puede eliminar con la orina y a través de los pulmones. El metabolismo del alcohol tiene lugar en el hígado, donde se puede oxidar a una velocidad de 100 miligramos por kilogramo de peso corporal por hora. Esto es, una persona que cuente con un peso de unos 80 kilos, puede oxidar 0,8 gramos de alcohol por hora, teniendo en cuenta que una ración típica de alcohol es de 14 gramos.