Competir contra nosotros mismos: un desafío psicológico

Si echamos un vistazo a la etimología de la palabra “competir”, nos encontramos para sorpresa de muchos, con que no necesariamente significa “rivalizar con alguien”. Por el contrario, otra de sus acepciones habituales es la de “luchar con alguien por un objetivo en común”.

Esta pequeña introducción adquiere un nuevo significado en los tiempos que corren, cuando muchos deportistas no tienen más remedio que aprender a retarse a sí mismos.

Muchas competiciones han sido suspendidas para los próximos meses. Pero, algunas de ellas han ofrecido alternativas virtuales, para quienes quieran participar en el evento igualmente. Esto ha supuesto que los participantes descubran nuevos obstáculos a superar.


Siendo nuestros propios rivales

Lo que la mayoría nota en un primer momento es que ya no puedes guiarte por el sacrificio ajeno. Es decir, ya no tienes a otros corredores al lado, que marcan un ritmo, que supone que te esfuerces al máximo para poder superarlo. Ahora están solos, consigo mismos. Esto, sin embargo, no establece necesariamente un cambio en cuanto a la estructura psicológica con la que comprendemos una competición.

Frente a estas circunstancias actuales sin precedentes, tienen especial validez los estudios desarrollados en los últimos años. Estos indican que los corredores que forman parte de una carrera organizada son varios segundos más rápidos que aquellos que realizan una contrarreloj en solitario.

Además, los expertos han llegado a la conclusión de que esta merma en el rendimiento se debe a una capacidad menos desarrollada para competir con nosotros mismos y nuestras limitaciones, que frente a un adversario externo. En sus investigaciones, los especialistas descubrieron que, a medida que avanza la carrera, los sentimientos negativos afloran sin remedio. ¿Y a qué se debe esto? Muy probablemente, a un contexto distinto.

Hay varias explicaciones posibles. La primera de ellas es que, cuando corremos en solitario, estamos mucho más en contacto con las sensaciones que experimenta nuestro físico. Padecemos cada dolor o mal movimiento, incluso somos mucho más conscientes del cansancio acumulado.

Sufriendo sin compañía

Con esa incomodidad aflorando poco a poco a cada nuevo kilómetro, mientras realizamos carreras virtuales perdemos puntos de referencia o distracción, como pueden ser los demás competidores o los trazados urbanos con sus particularidades. Eventualmente, éstos son un incentivo suficiente para desviar la atención de todo lo que pasa por nuestro cuerpo y mente.

En una maratón organizada, real y 100% normal, esperaremos encontrarnos a nuestros familiares en una esquina, o cruzarnos a algún competidor de quien conocemos sus tiempos habituales. Cuando corremos solos, tenemos apenas una habitación, algún dispositivo tecnológico, y el sudor que nos invade. La cabeza necesita tiempo para adaptarse a ello.

Preparación mental

Justamente en lo psicológico está la respuesta que a los científicos desvela cuando hablamos de correr sin acompañantes. Prepararnos, marcar un objetivo específico distinto del que perseguimos en una carrera común y corriente, será el primer paso para evitar esta sensación de frustración.

Si no quieres que tu rendimiento baje demasiado cuando te pones a correr en casa, tendrás que plantearte qué es lo que persigues y estar seguro de que ese esfuerzo vale la pena. De lo contrario, en medio de una carrera contra ti mismo, podrías desmoronarte. Por eso, es posible que al comienzo de esta nueva normalidad de entrenamiento, debas ser un poco más concesivo y menos exigente.

Practicar también el diálogo interno

Para comenzar con esta adaptación, no sólo tenemos que adaptar nuestro esfuerzo físico, sino también el mental. Es por eso necesario que tengamos algunos atajos mentales a mano, a los que podamos recurrir cuando estemos sintiendo que la cosa se complica.

Frases clásicas como “si duele está haciendo efecto”, o “piensa en el resultado final y no en el esfuerzo” son claves para desarrollar un diálogo interno que te ayude a continuar. Ya que faltan estímulos exteriores, deberás buscarlos en tu interior.

Cuidado con el reloj

El paso del tiempo, o mejor dicho la percepción del paso del tiempo, es uno de los aspectos esenciales de cualquier entrenamiento de velocidad y resistencia. Controlando el reloj, sabemos si tenemos que mejorar el ritmo o si nos estamos manteniendo dentro de nuestros márgenes.

No obstante, tenemos que intentar ser cuidadosos en este sentido, porque al ir solos vamos a tener una tendencia a revisar con mayor asiduidad nuestro reloj. Y eso puede generar ansiedad o presión. Como nos faltarán otros parámetros de reconocimiento de nuestra performance, como ver a los demás corredores, hay que trabajar en mirar el reloj lo justo y necesario. Y amigarnos con lo que nos devuelve. Un buen truco es intentar verlo la misma cantidad de veces que en una carrera.